Muerte de Valdivia

Batalla de Tucapel y muerte de Valdiva, el conquistador de Chile … un 25 de Diciembre como hoy

La batalla de Tucapel, también conocida como el desastre de Tucapel, fue una pelea decisiva efectuada dentro del contexto de la Guerra de Arauco entre los mapuche liderados por Lautaro y las huestes de Pedro de Valdivia en la loma de Tucapel, Chile el 25 de diciembre de 1553 ó el 1 de enero de 1554. Resultó en una derrota para los españoles y la captura para dar muerte a Pedro de Valdivia. Con ella acabó definitivamenete el mito de la invencibilidad española.

Lautaro, antiguo paje de Pedro de Valdivia se había fugado del campamento español y luego erigido como líder militar de las huestes mapuche. Sabia que Valdivia marchaba hacia el sur y esa era la oportunidad que buscaba, engaña a Gómez de Almagro en el fuerte Purén y con ello asegura que sus tropas no se junten con la de Valdivia en el fuerte de Tucapel hacia donde el conquistador se dirige en una marcha a paso forzado de exploración. Por medio de sus espías, el joven Lautaro se había enterado que Valdivia marcha hacia Tucapel y que necesariamente tiene que pasar por el fuerte. Allí decide emboscarle.

En efecto, Valdivia a mediados de diciembre de 1553 sale de Concepción y se dirige a Quilacoya, donde toma algunos soldados en su marcha a Arauco; los espías mapuche siguen la columna desde las alturas de los cerros y no presentan batalla, dejándole seguir su camino. Valdivia, muestra extrañeza por no recibir alguna noticia del fuerte de Tucapel y además por no ser hostigado en el camino. El día 24 del mismo mes, decide tomar rumbo al fuerte, esperando encontrar a Gómez de Almagro. La tranquilidad y los espóradicos avistamientos de mapuche a lo lejos, despiertan sus sospechas y envía una avanzada al mando de Luis de Bobadilla con 5 hombres para que exploren el camino y den información de la presencia del enemigo.

Emboscada y muerte del conquistador de Chile

Pedro de Valdivia, extrañado de no tener más noticias de Bobadilla pasa la noche a media jornada del fuerte de Tucapel.
El 25 de diciembre de 1553, se pone temprano en marcha y al llegar le extraña el silencio reinante; desde la loma donde está el fuerte, lo encuentra totalmente destruido. Ignora que había sido asaltado por Lautaro al frente de 6.000 guerreros y su guarnición se había retirado al fuerte de Purén donde se encontraban aislados.

No aparecían ni Gómez de Almagro ni Bobadilla. Decide hacer campamento en las ruinas humeantes y cuando ya avanzaban los preparativos, de súbito el bosque se llenó de gritos y sin más aviso, una masa se precipitó hacia el enclave español.

Valdivia, experto militar, apenas pudo armó sus líneas defensivas, dividiendo sus fuerzas en 3 cuadrillas de 20 soldados cada una, y aguantó el primer choque, mientras la caballería cargaba sobre la retaguardia del enemigo, los mapuche ya previstos de esta maniobra dispusieron lanceros y contuvieron la carga.

Con mucho valor y resolución los españoles lograron descomponer las primeras cargas mapuche. Los indígenas, volviéndose a los bosques, se retiraron de la loma por una ladera escarpada que impedía la persecución a caballo.

Los españoles saborearon su victoria. Pero luego recibieron otra sorpresa, cuando apareció un nuevo escuadrón mapuche presentando batalla y de nuevo hubo que armar líneas y nuevamente dar carga con la caballería.

Esta vez los mapuche además de lanceros, llevaban hombres cargando mazas, boleadoras y lazos, con los que lograban desmontar a los infortunados españoles y asestarles un definitivo mazazo en la cabeza en cuanto caian al suelo. Se repitió la misma escena, al toque de un lejano cuerno el escuadrón se retiró, no sin dejar algunas bajas, y un tercer escuadrón presentó batalla, ahora con el propio Lautaro a la cabeza.

Valdivia , como militar experimentado, vio lo desesperado de su situación, dado el cansancio y las bajas, reunió a los disponibles y se lanzó a la lucha que tomó ribetes muy encarnizados; ya la mitad de los españoles yacían en el campo y las tropas de relevo indígena mermaban.

En un momento de la lucha, Valdivia se dirige a quienes aún le rodean y les dice: “¿Caballeros, que haremos?”. El capitán Altamirano responde: “¡Que quiere vuesa merced que hagamos si no que peleemos y muramos!”.

Valdivia al ver perdida la batalla, dispuso la retirada, pero el mismísimo Lautaro le cayó por el flanco produciendo el desbande. Era justo lo que Valdivia no deseaba y los mapuches se dejaron caer sobre cada uno de los españoles retrasados.

Sólo Valdivia y el clérigo Bartolomé del Pozo, que montaban muy buenos caballos, lograron escapar de la carnicería. Eventualmente llegaron a unas ciénagas, donde los caballos se empantanaron, y fueron capturados por los mapuche.

La muerte de Valdivia

Existen varias versiones y mitos sobre la muerte que sufrió Valdivia. Según Jerónimo de Vivar, el toqui Caupolicán pidió personalmente la ejecución de Valdivia, quien fue muerto con una lanza y su cabeza puesta en ella, exhibiéndola a los otros españoles.

Alonso de Góngora Marmolejo escribe que Valdivia ofreciendo como rescate por su vida, prometió que evacuaría a todos los españoles en sus tierras y que les daría una gran cantidad de animales; pero según la versión de Góngora Marmolejo, “esto fue rechazado y los mapuche cortaron sus antebrazos, los asaron y se los comieron delante suyo antes de asesinarlos a él y al sacerdote”.

Pedro Mariño de Lobera también escribió que Valdivia ofreció evacuar las tierras mapuche, pero poco después fue muerto por un guerrero vengativo llamado Leucotón, diciendo que Valdivia no mantendría su palabra una vez libre, y que por este motivo lo ejecutó con un gran mazazo en la cabeza.

Leucotón fue ordenado para cumplir con esta sentencia de muerte, poco sanguinaria, pues era un experto macero y mataba limpiamente de un solo golpe. Lobera también dice que circuló una historia en esos días por Chile, en la que Valdivia fue muerto dándole a beber el oro fundido que los españoles deseaban tanto; quemando sus entrañas.

Una leyenda posterior dice: Lautaro llevó al campo mapuche a Valdivia y le dio muerte después de tres días de atroces torturas, extrayéndole a carne viva el corazón y comiéndoselo junto a los toquis.

La realidad más probable es que se haya buscado una muerte rápida y digna de un buen guerrero, ya que sólo se comían los corazones de guerreros extraordinarios, y su objetivo era consumir la fuerza de su antiguo dueño, y no un mero acto caníbal.

Su cráneo fue extraído y sirvió como trofeo al ser usado como vasija contenedora de chicha, entre los principales toquis; fue devuelto medio siglo más tarde junto al de Martín Óñez de Loyola a los españoles como prueba de pacificación por el cacique Pelantarú.

Las consecuencias

Lautaro arrasó sistemáticamente las ciudades españolas de Concepción y Angol. Provocó el abandono de los fuertes y el despoblamiento de la zona aledaña al rio Bio Bio. Dos veces saqueó e incendió lo que, por entonces era el centro de los asentamientos españoles en el sur de Chile.

Tucapel fue el fin del mito de la invencibilidad española en América.

Los mapuche experimentaron y aprendieron unas tácticas que les permitirán mantener la guerra por un siglo más: uso de guerrillas y emboscadas, concentrarse aprovechando las líneas interiores y asi ganar gracias a la combinación de armas.

Entendieron la debilidad de la caballería española en zonas pantanosas y de bosques densos. Descubrieron el cansancio que afectaba a los españoles cuando la batalla se prolongaba por demasiado tiempo, dado que el uso de las armaduras dificultaba sus movimientos y les agotaba físicamente.

Las soluciones de Lautaro al tipo de guerra que planteaban los españoles hasta la actualidad han sido estudiadas por academias militares en todo el mundo.

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