Enrique Villanueva Molina: Termina el gobierno de Bachelet y se fortalece Punta Peuco

Punta Peuco, un penal especial para criminales juzgados y condenados por crímenes de lesa humanidad, continuará siendo un problema no resuelto del Estado chileno, neutralizando las acciones que en materia de justicia puedan dar garantías de no repetición de los crímenes cometidos sistemáticamente y de manera masiva por la dictadura.

Lo cierto es que y mas allá de otra consideración, pudo más la presión de los sectores militares, políticos y económicos, beneficiados con la impunidad, que las aspiraciones de justicia y verdad, no solo de los familiares de detenidos desaparecidos y asesinados, sino que, de una sociedad que necesita entender su pasado para construirse en el respeto a los derechos humanos.

La discusión artificial, provocada y alimentada por funcionarios del gobierno y del poder judicial, en los últimos meses de Michelle Bachelet en La Moneda, solo terminó favoreciendo la intención de otorgar garantías procesales a estos criminales, so pretexto de enfermedades u otras argucias, contraviniendo el derecho internacional, el que declara expresamente, que los condenados por crímenes en contra de la humanidad no pueden ser tratados como presos comunes. Porque no se trata de individuos aislados que cometieron delitos contra personas, sino, de quienes fueron autores o cómplices de una violencia planificada y ejercida por el Estado, para exterminar o amedrentar cualquier intento de oposición política a la dictadura criminal de Pinochet, entender y respetar esto, es una condición fundamental para sostener la convivencia democrática de la sociedad.

Con todo esto, en el futuro, en alguna tumba de algún cementerio de nuestro país, habrá una lectura para quien quiera leerla, y dirá algo así como “Aquí yace un héroe anónimo, lucho contra una dictadura cruel, soporto la tortura y la cárcel, pero murió de hambre por la ingratitud de sus compatriotas”. Mientras quienes planificaron e hicieron vista gorda de los crímenes, quienes inventaron una guerra para apoderarse de nuestras riquezas, asesinar a un presidente elegido democráticamente por el pueblo, gozan de los beneficios de la represión y en la más absoluta impunidad.

Aquí en Chile la historia oficial se ha impuesto por el ejercicio del poder; está construida para ser recordada a través de celebraciones oficiales, las que conmemoran ciertos hitos, que se asocian a lo invencible del ejercito o a la construcción de un país ejemplo para el mundo. Pero la mayor parte de nuestra historia yace en el olvido, como la “pacificación de la Araucania“, la matanza en la Escuela Santa María de Iquique , las masacres de La Coruña, Pampa Irigoin y Ránquil, hechos horribles que el tiempo ha borrado, y que no ocupan titulares, pero que en silencio representan el sufrimiento de miles de compatriotas.

Lo mismo pasa con Punta Peuco, tal cual ocurrió con las matanzas olvidadas del pasado, los gobernantes anteriores y los de turno, se encargaron de que este símbolo de la protección a criminales, quienes excusan sus acciones y asesinatos de lesa humanidad, en una guerra inventada, queden en el olvido. Excusas habrán muchas, como razones de Estado, realismo político y otras, pero lo concreto es que, cuando un gobierno, que es elegido por una parte importante del pueblo, al que se le promete calidad de vida y derechos, que con mayoría en ambas cámaras, con una presidenta hija de un general de la república, que murió en las cárceles de la dictadura, no cumple su palabra, eso, simplemente es cobardía o inconsecuencia populista.

Pero bueno, era difícil pensar acciones regidas por la ética, en momentos en que los hacedores de la política hace rato que la abandonaron, separándose además de sentirse regidos por la moral que regula la conducta humana. En este contexto ciertamente que no cabía el cierre de Punta Peuco, menos resolver las cientos de causas judiciales, por crímenes de lesa humanidad, que reposan en los tribunales de justicia, porque los mandos del ejército, con todo tipo de excusas, se han burlado de la ineficiencia de las autoridades políticas, negándose a entregar los antecedentes requeridos.

Tampoco podíamos esperar que el gobierno de Bachelet escuchara el clamor de cientos de ex presos políticos, para que se les reconozcan sus derechos, menos aun, podíamos esperar decisiones valientes para terminar con el dolor de los familiares de detenidos asesinados y desaparecidos a 29 años de terminada la dictadura. Reivindicaciones justas que hoy no son parte del quehacer político, porque la política, para los funcionarios del Estado, parlamentarios y gobernantes, salvo contadas excepciones, ya dejo de ser la búsqueda de lo mejor para los ciudadanos, sobre la base de la justicia.

Es cierto, que un grupo de ex militares, que nos opusimos al golpe de estado de 1973, que vivimos la tortura, la prisión y el exilio junto al general Bachelet, a quien vimos morir en una de las celdas de la Cárcel Pública, tuvimos la esperanza de que en este gobierno se hiciera justicia y se dejara un legado para el futuro. Nos equivocamos, la palabra empeñada por la propia presidenta, a una mujer que fue quemada viva, Carmen Gloria Quintana, quien sobrevivió a esta barbarie humana, protagonizada por oficiales del ejército, fue solo eso, una palabra empeñada mas, sin cumplir, esta no asumió la responsabilidad de la coherencia con su propio discurso.

Seguramente la presidenta, así como otros actores de su gobierno y de los anteriores, compartieron nuestros sueños en el pasado, pero hoy, se quedaron en alguna parte del camino, presas y presos del pragmatismo que les permite, sin dolor de conciencia, vender nuestros sueños por un plato de lentejas o por un millón, el resultado es el mismo, han roto definitivamente con un pasado heroico, el pasado de Salvador Allende, Alberto Bachelet, Miguel Enríquez, Raúl Pellegrin, entre miles de héroes y heroínas del pueblo, el que tarde o temprano recuperara el lugar que siempre debió tener.

Pero bueno, termina el gobierno, que aún con algunos logros significativos, tiene que ver que estos son opacados por la corrupción que azota a las instituciones públicas y privadas, un gobierno que será recordado por su incapacidad de tomar decisiones, por las promesas incumplidas. Plagado además, de actores políticos oportunistas, que hoy se desdoblan y que despojados del poder, buscan la forma de mantenerse en el status quo, en el cual han gozado plenamente por más de 29 años.

Son los tiempos del pragmatismo, del oportunismo, en los que muchos, desde las cúpulas y elites, se ponen y se sacan los ropajes revolucionarios, progresistas y socialistas, para luego actuar como el más vil oportunista.

En la otra vereda están los chilenos y chilenas, consecuentes con su pasado e historia, depositarios de una izquierda radical que hoy le hace falta a Chile, una izquierda que se preocupe de los problemas trascendentales del país, del pueblo de Chilenos y chilenas que, aunque pasen los años, han asumido el deber moral de no olvidar ni delegar en el olvido, a tantas vidas sacrificadas en aras de la libertad y la democracia.

Si por más de 45 años hemos luchado por reivindicar la memoria de nuestros héroes, los héroes del pueblo, así pasen otros 50 seguiremos haciéndolo, hasta conseguir que sus nobles entregas llenas de dignidad, valentía y consecuencia política, sean reconocidas y verdaderamente restituidas.

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